martes, 24 de febrero de 2015

FRASES SOBRE LA PAZ

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1.      “Cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, el mundo conocerá la paz”.
Jimi Hendrix.

 2. “Si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero”.
          Nelson Mandela

 3. “La paz no es la ausencia del conflicto, sino la presencia de alternativas creativas que nos ayuden  a solucionar el conflicto”.
          Dorothy Thomas

4. “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
            Benito Juárez

5. “La violencia es el último recurso de los incompetentes”.
        Isaac Asimov

6. “Un espíritu débil es incapaz de perdonar. El perdón es virtud de los fuertes”.
         Mahatma Gandhi

7. “Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.
       Antonio Machado

8. “La violencia es miedo a las ideas de los demás y poca fe en las propias”. 
       Anónimo

9. “Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos”.
         Moshé Dayán

10. “Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas”.  
           Marie von Ebner-Eschenbach



Imagen: coralea.com

martes, 3 de febrero de 2015

ÉL


          No acostumbro a usar el Metro, ese transporte subterráneo que me provoca cierto estado de claustrofobia, pero en víspera de Nochebuena  y con el tiempo lluvioso, subir a un taxi era una hazaña imposible. Miré la hora en mi reloj. Era tarde y ya quería estar en casa. Haciendo a un lado mi resistencia, bajé las escaleras y, después de un oleaje de empujones y dos trenes, pude entrar al vagón. Por supuesto, ni pensar en sentarme. No me quedó otra cosa que respirar los vahos de los trajes húmedos y los humores corporales. Alcé la cabeza, cual periscopio de submarino, para aspirar (ilusa yo) un poco más de aire. Entonces, lo vi.
            Un hombre tenía sus ojos fijos en mí. Sin embargo, giré la cabeza a ambos lados para comprobar si, en efecto, era a mí, y no a otra persona, a quien sonreía. No estaba equivocada. Me hice la desentendida pero, al rato, me di cuenta de su insistencia. Fruncí el entrecejo; a esas alturas de mi vida yo no iba a caer en un absurdo coqueteo. ¿Y si era alguien conocido? ¿De dónde, de dónde? Paró el tren y muchas personas bajaron en la estación. Eso me permitió detallarlo.
            Nos sentamos frente a frente. Vestía bien, con los privilegios del éxito económico. De las mangas del abrigo sobresalían unas manos cuidadas. Cabellera y barba casi blancas, obra de un buen estilista. Me extrañó que ese hombre, tan elegante, ajeno al pasajero habitual, usara ese medio de transporte. Quizás le había sucedido lo que a mí. Seguía sonriendo. Yo  decidí hacer lo mismo, con la distancia que requería el caso. No encontraba nada familiar en su rostro hasta que, entre los pliegues de la edad, pude rescatar la profundidad familiar de su mirada. Lo supe. Bajé la mía para darle a entender que yo no lo recordaba.
            ¡Eres tú!-pude decirle-pero la culpa me abrumó. Ingresé a una galería de imágenes: las clases en la universidad, las fiestas, los paseos por el parque. Las canciones, los poemas. Los problemas del mundo, las protestas. Los besos, las caricias y siempre él. Ya no era el vagón, sino la noche eterna a su lado, esa que no sucumbiría a los avatares del destino, que no es otra cosa que el cuenco de nuestras propias decisiones:  
            Busco la luna y no está en el cielo. Recorre sin premura las líneas de tu cuerpo.  Mi piel siente celos porque no es ella la que te descubre y moja los montes que resguardan tus deseos. No sé si soy yo u otra persona la que te contempla y permite que el rocío y los grillos se lleven los temores. Tu cuerpo sobre el mío aplasta mis prejuicios, y yo descifro con mis dedos sobre tu espalda el significado de nuevos versos. Entre caricias y promesas, nos dejamos ir con la corriente... Desfallece el vientre, se escapa el alma, y yo respiro la fragancia de una noche que se esfuma.
            Buscas en mis ojos lo mismo que yo busco en la profundidad de los tuyos. Nos damos cuenta que, en ese instante, los dos soñamos el mismo sueño. Levanto el velo y dibujo sobre tu pecho los matices de futuras mañanas nuestras. Se levanta el sol, se enciende el deseo, y consigue que el tuyo y el mío se conviertan de nuevo en un solo cuerpo. Siento el dulce dolor de la virginidad deshecha, siento que la existencia trae ahora un nuevo sentido. Mis manos, orfebre novel, te moldean con libertad, y yo me rindo a las tuyas entre profundos suspiros. “Somos aves de un mismo cielo”, pienso. En el silencio juras: “Te amaré por siempre”. Yo: “Por siempre, seguiré contigo”. Busco tus labios convencida de la certeza de nuestro juramento, sin imaginar que nuestro sueño descansa sobre un almohadón de lejanas estrellas.  
            Volví al vagón, con el peso del juramento roto. Era yo muy joven y me había dejado arrastrar por mis propias aspiraciones hacia otros lares. “¿Cuándo volverás?” “No lo sé”.Quiso ir tras de mí, no lo dejé. Yo necesitaba mi propio espacio y mi propio tiempo. Mis cartas y mis llamadas se fueron alejando, hasta que él comprendió que no volveríamos a vernos, a pesar del amor y de las promesas hechas. Pero, después de muchos años, regresé y estaba frente a él. Yo intuía que él deseaba hablarme. ¿Para qué hacerlo? ¿Para enterarnos de cómo nos había ido? A simple vista, le había ido bien. No era necesario que yo le contara sobre mí. ¿Mentiras? No se las merecía. Llegamos a otra estación. A través del reflejo de la ventana, lo vi salir,  ya sin la sonrisa. En el andén, levantó una mano, a modo de despedida. Yo también. Lo dejé ir sin que supiera lo que había sido mi vida sin él.  
Olga Cortez Barbera

Imagen: flickr.com


FRASES CÉLEBRES DE ANA MARIA MATUTE



Ana María Matute
Novelista española.

La palabra es lo más bello que se ha creado, es lo más importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La palabra es lo que nos salva.

– Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto.

– Escribir es siempre muy difícil, sobre todo hacerlo de forma aparentemente sencilla.

– Un libro no existe en tanto alguien no lo lea. Y nunca nadie lee el mismo libro.

– El dolor es más llamativo que la felicidad.

– La infancia no es una etapa de la vida: es un mundo completo, autónomo, poético y también cruel, pero sin babosidades.

– El escritor nace, no se hace: es una cuestión de ser o no ser.

– Escribir es también una forma de protesta. Casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo.

– Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes, puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida.

– Yo en la novela digo que a veces la infancia es más larga que la vida.

– Para un escritor, no hay universidad ni escuela que enseñe lo que enseña la vida.

Mientras haya un poeta, la poesía existirá.

Fuente: FraseCelebre


Olvidado Rey Gudú: Lo recomiendo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿DESTINO SIN REMEDIO?


 

El tren iba a la marcha del paso del tiempo sin importancia. A ella no le preocupaba; estaba segura de que llegaría en el momento preciso. A través de la ventana, podía contemplarse el tapete amarillo que se extendía hasta el infinito. La joven se preguntó qué sortilegio impedía a esas flores no sucumbir al aguacero pertinaz, resto de una tempestad de consumación de los mundos que arrastró techos y tendederos, pero que no tuvo la fortaleza de hacer lo mismo con el campo florido. Sintió el deseo de bajar del tren para ver mejor las flores. No hubo necesidad. De pronto,  en una inesperada levitación, éstas se transformaron en mariposas de oro que volaron hacia ella. En la distancia pudo vislumbrar al hombre que le sonreía. Sin conocerlo, supo que era Mauricio, el que ostentaba un apellido que tenía el origen en una ciudad de la antigua Baja Mesopotamia: Babilonia. Una mariposa entró por la ventanilla y posó sobre sus cabellos. Con ella en la cabeza, la joven era aún más hermosa. Vio que la gente se preparaba para bajar en la estación.
-Bien-dijo-, ya era hora.
Había esperado mucho. La espera suele alargar la cinta del tiempo. Cuando supo que él abandonaba el oasis de los laureles terrestres para mudarse a la región de los sin sentidos, ella decidió abandonar su paraíso y hacer lo mismo. Él quizás iba con el propósito de continuar amoldando destinos a su antojo. La joven supuso que el suyo ya no tenía remedio, pero, al menos, tendría la oportunidad de que él la escuchara y le diera una explicación. Mientras otros corrían bajo la lluvia, ella caminaba tranquila. El agua no mojaba la túnica que le cubría el cuerpo. A pesar de eso, la bella joven proclamaba, en silencio, que no llevaba nada debajo de la delicada tela. Pero, ¡que alguien intentara propasarse! Leyó el aviso: Café de los Espacios Perdidos. Apenas ingresó, los hombres, al verla, entraron en conmoción, sobre todo uno, que se levantó de la silla y corrió a su encuentro:
-¡Remedios!-exclamó el hombre-Vamos a la mesa de aquel rincón. No quiero que te molesten.
-Ni que lo intenten, Gabo, ni que lo intenten.
-¿Qué haces aquí, muchacha, no te envié a las tierras del sin retorno?
-¡Por supuesto que sí! No obstante, cuando supe que venías aquí, decidí seguirte. Seguro que creíste que yo no tenía el seso suficiente para encontrar la forma de escapar y venir en tu búsqueda.
-Nunca pensé que no fueras inteligente…
-Entonces, ¿por qué creaste esa dualidad sobre mí? De pronto, me sentía tocar la gloria, cuando me presentabas como un ser único, alejado de la vulgaridad mundana. Esa sensación no duraba. Unas líneas más y me convertías en un ser pueril, sin objetivos ni aspiraciones. Deseo aclararte algo. Las cosas que le dije al mirón aquel (¿recuerdas?), que estrelló la cabeza contra el piso, por satisfacer sus ganas de verme bañar, no fueron por simpleza; al contrario, era una forma de evitar que me forzara a hacer lo que yo no estaba dispuesta. En cuánto al amor… ¡El amor! ¿Te preguntaste alguna vez si me hubiera gustado enamorarme, sentir el estremecimiento de una caricia, la pasión de un beso? 
-A eso le tuve pánico, Remedios. A que te enamoraras…
-¡Cómo, Gabo, si eras mi Pigmalión! Tú esculpiste la efigie de palabras más bella del universo. No existe otra como yo en biblioteca alguna. Quería amarte, entregarme a ti, más que con mi belleza, con mi forma particular de ver la vida, lejos de los prejuicios humanos. No obstante, tu pluma me lo negaba. Y cuando pensé que me lo permitirías, luego de tantos infortunios, despaturrando hombres cautivados, con un simple soplo de creatividad literaria, me mandaste a la eternidad. Por eso, en un capricho infantil, por rebeldía, pero con oculta intención, me llevé la sábana de bramante de Fernanda. Intuí que nos veríamos de nuevo. Y te podría mostrar todo lo que podíamos hacer sobre ella.
-Yo también, mi Remedios, sabía que volveríamos a vernos. No sabes que larga se me hizo la vida esperando este momento. Te hice pura, cándida y medio despistada. Algo así como para quitarle brillo a tu extraordinaria belleza. Sin embargo, cuando me di cuenta de que los hombres seguirían muriendo por ti, y que yo corría el riesgo de que sintieras compasión y, luego, te enamoraras de alguno de ellos, no me quedó otro camino que alejarte. No me odies por eso.
-¿Cómo odiarte sí, a pesar de todas las cosas, me hiciste inmortal? Además, sé que me amas por sobre todas tus creaciones, y por sobre todas las mujeres terrestres que te amaron, y que no les fue posible recibir este tipo de sentimientos que sólo se encuentra frente al hogar encendido de la literatura. Mira, ha dejado de llover.  Abandonemos este lugar. Demostremos que sí hay estirpes que no están condenadas a la soledad y que, lejos de la simpleza terrenal, pueden tener una segunda oportunidad.


Olga Cortez Barbera
Imagen: coroflot.com

Frases célebres Gabriel García Márquez



La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.

El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno.

El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.

Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.

Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como en que no existe.

Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser.

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.


No tenemos otro mundo al que podernos mudar.


Imagen: dscali.edu.co